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La justicia británica sentencia que la contaminación mata

Avala el trabajo que muchos grupos activistas están realizando contra la publicidad de los coches, por ser responsable de que la ciudadanía tolere sus efectos negativos.

Por Carlos Fresneda y Z.A.P.

La justicia británica ha reconocido por primera vez que la contaminación mata. El juez Philip Barlow ha sentado un precedente mundial al concluir que el aire contaminado fue la causa de muerte de una niña de nueve años en Londres, Ella Kissi-Debrah, que falleció en febrero del 2013 de «un agudo fallo respiratorio» (tras haber sufrido hasta 27 ataques de asma en pocos meses).

«Estamos ante una noticia histórica que puede provocar una sacudida positiva en todo el mundo y hacernos abrir los ojos ante ese asesino invisible que se cobra más de siete millones de vidas prematuramente cada año», señala a El Mundo María Neira, al frente del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se sumó al caso con sus devastadores informes sobre los efectos de la contaminación.

«Esta investigación no sólo va a sentar jurisprudencia, sino que es una victoria para millones de niños y adultos que no tienen elección y están expuestos al aire sucio en las ciudades», agrega la doctora Neira. «Espero que a partir de ahora haya realmente acción política, que los estándares de calidad del aire serán de cumplimiento obligatorio y que se exijan responsabilidades a los gobernantes. Ya no podrán decir que no lo sabían».

«Ella Kissi-Debrah murió por el asma causado por su excesiva exposición a la contaminación», certificó el juez británico Philip Barlow. «Toda su vida discurrió en la proximidad de carreteras altamente contaminadas. No tengo ninguna dificultad a la hora de concluir que su exposición personal al dióxido de nitrógeno y a las partículas en suspensión fue muy alta».

Una crisis de salud pública

La madre de Ella, Rosamund Adoo Kissi-Debrah, celebró la conclusión de la investigación judicial con lágrimas en los ojos y con una renovada determinación: «Se ha hecho justicia al cabo de siete años de lucha. La contaminación va a constar finalmente como la causa de la muerte de mi hija en su certificado de defunción».

Rosamund ha creado una fundación con el nombre de Ella, en defensa de los derechos de los niños con asma, y se ha propuesto convertir su cruzada personal en una campaña con resonancia mundial. Su causa cuenta con el apoyo de ClientEarth, la organización que llevó en su día a los tribunales al Gobierno británico por el reiterado incumplimiento de los niveles máximos de contaminación recomendados por la OMS y por la Unión Europea.

El acalde de Londres, Sadiq Khan, que contrajo también el asma de niño cuando vivía al sur del Támesis, celebró la conclusión judicial como «un momento histórico para reconocer la contaminación como una crisis de salud pública». Khan recalcó su compromiso político con la extensión de la zona de ultrabajas emisiones a todo el perímetro de Londres, y criticó de paso la labor de su predecesor en la capital británica (Boris Johnson) y el retraso del Gobierno para acometer medidas drásticas en todo el país.

Ella vivía a 25 metros de la South Circular Road de Lewisham, en el sureste de Londres, uno de los puntos más congestionados por el tráfico en la capital británica. En los tres años anteriores a su muerte, los sensores de la estación de Catford excedieron «consistentemente» los límites máximos de dióxido de nitrógeno y de partículas en suspensión fijados por la UE. El informe realizado por el doctor Stephen Hogate (uno de los máximos especialistas en calidad del aire del Reino Unido) fue aportado como la principal prueba durante la investigación, en la que participaron más de medio centenar de expertos y testigos.

Se estima que la contaminación atmosférica contribuye a la muerte prematura de al menos 40.000 personas al año en las islas británicas, unas 9.600 de ellas en Londres. Según el European Heart Journal, la mala calidad del aire en las ciudades puede contribuir a 8,79 millones de muertes en todo el mundo. En comparación, se estima que el tabaco es responsable de la muerte de 8 millones de personas.

La contaminación, el nuevo tabaco

La doctora María Neira expresó su esperanza en que haya un antes y un después del caso de Ella, con nuevas demandas judiciales, acciones políticas y una mayor conciencia entre la población. «Con el tabaco nos llevó 50 años vencer las resistencias. Con la contaminación, que es el nuevo tabaco, tenemos además el factor de que no podemos elegir: todos nos vemos obligados a respirar el aire sucio. Estamos ante un problema que va más allá de las luchas ambientales; es ante todo un problema de salud pública».

La doctora Neira recalca la relación entre los altos niveles de contaminación y los casos de coronavirus en las grandes ciudades: «La mala calidad del aire hace que nuestros pulmones sean más vulnerables y estén más expuestos a enfermedades infecciosas». La máxima responsable de Salud Pública y Medio o Ambiente de la OMS recuerda por último el vínculo que existe con ese otro gran problema invisible: «La contaminación y el cambio climático convergen en el 75% de los factores. Mitigando un tipo de emisiones estamos contribuyendo al mismo tiempo a reducir la contaminación, mejorar la calidad del aire y prevenir millones de muertes. El cambio climático es también un problema de salud pública».

Activismo contra la publicidad de los coches

Esta resolución judicial avala el trabajo que muchos grupos activistas están realizando en toda Europa desde una nueva perspectiva: considerar la publicidad de los coches como uno de los elementos principales que hacen a la población tolerar muertes como la de Ella.

En el Reino Unido este verano 100 vallas publicitarias aparecieron alteradas por Brandalism, una plataforma de intervención publicitaria. Pedían, además, eliminar la publicidad de los SUV, uniéndose así al Partido Verde de Inglaterra y Gales.

Francia cuenta también con una larga trayectoria de activismo antipublicitario en grupos como Casseurs de pub o Résistance à l’agression publicitaire, además de varios colectivos que desinflan las ruedas de los 4×4, impidiéndoles así contaminar.

En nuestro país este otoño nació Z.A.P. (Zero Automobile Publicity), un colectivo que pide la total eliminación de la publicidad de los coches al igual que la del tabaco. Sostienen que la publicidad «hace muy difícil fomentar alternativas al vehículo privado, aun cuando conocemos sus efectos negativos sobre el medio ambiente, nuestra salud y la habitabilidad de las ciudades.» El grupo ha presentado sus demandas al Gobierno de España, y planea ir creciendo poco a poco mientras introduce el debate en el público. Puedes firmar su petición aquí:

Firma la petición para eliminar la publicidad de los coches
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